Nivel 1 · Lección 2 de 5
El interés compuesto
Por qué el dinero invertido crece cada vez más rápido, qué papel tiene el tiempo frente a la cantidad, y cómo leer un resultado sin engañarte.
Autor de Euro a Euro · Revisado el
En 30 segundos
- El interés compuesto es lo que pasa cuando los rendimientos se quedan dentro y generan a su vez rendimientos: el crecimiento se acelera con los años.
- El tiempo pesa más que la cantidad: quien empieza diez años antes puede acabar con más aportando mucho menos.
- Un resultado a treinta años no es una promesa: la rentabilidad no es constante, la inflación resta y las comisiones también se componen.
En esta lección · 6 apartados
Dos personas ahorran 150 € al mes. Una empieza a los 25 y para a los 35: diez años, 18.000 € en total, que después deja invertidos. La otra empieza a los 35 y no para hasta los 65: treinta años, 54.000 €.
Con un 7 % anual en los dos casos, a los 65 la primera tiene unos 195.000 € y la segunda unos 175.000 €. La primera aportó tres veces menos y acaba con más.
El interés compuesto no premia el esfuerzo, premia el tiempo. Los años que dejas pasar al principio no se recuperan aportando más al final.
Qué es, en una frase
Es lo que pasa cuando los rendimientos se quedan dentro y empiezan a generar rendimientos ellos también.
Con interés simple, 1.000 € al 5 % dan 50 € cada año, siempre 50. Con interés compuesto, el segundo año el 5 % se aplica sobre 1.050 €, o sea 52,50 €; el tercero sobre 1.102,50 €. La diferencia del segundo año son dos euros y medio. A los treinta años, con interés simple tendrías 2.500 €; con compuesto, 4.322 €.
Dónde está el truco: en la curva
Casi todo el mundo imagina el crecimiento como una recta. No lo es, y esa es la razón de que los resultados a treinta años parezcan un error de cálculo.
| Años | 200 €/mes al 6 % | Aportado | Lo que puso el interés |
|---|---|---|---|
| 10 | 32.495 € | 24.000 € | 8.495 € |
| 20 | 90.688 € | 48.000 € | 42.688 € |
| 30 | 194.903 € | 72.000 € | 122.903 € |
Fíjate en la última columna. A los diez años el interés pone algo más de un tercio de lo que pones tú; a los treinta pone 1,7 veces lo tuyo. El dinero deja de ser tuyo para pasar a ser del tiempo.
Interés compuesto
Abrir a pantalla completaLos tres mandos
Sólo hay tres cosas que muevas tú, y no pesan lo mismo:
El tiempo. Es el más potente y el único que no se puede comprar después. Diez años de ventaja valen más que duplicar la aportación en la mitad final. Con rentabilidades más bajas, la segunda persona del principio acabaría algo por delante, pero con una diferencia pequeñísima para haber aportado el triple.
La aportación. Es el que más control tienes sobre él y el único que depende de ti al cien por cien. Subirla un poco y de forma sostenida hace más que acertar con nada.
La rentabilidad. Es la que todo el mundo mira y la única que no controlas. Un punto porcentual más durante treinta años cambia mucho el resultado, pero perseguirlo es exactamente lo que lleva a la gente a productos que no entiende.
Cómo leer un resultado sin engañarte
Un simulador siempre devuelve un número grande y limpio. La realidad tiene tres cosas que el número no dice:
- La rentabilidad no es constante. Un 6 % de media son años al +20 % y años al −15 %. La media sólo aparece al final, y sólo si aguantaste dentro.
- Está en euros de hoy o no lo está. 194.903 € dentro de treinta años no compran lo que compran hoy. Para pensar en poder de compra se usa la rentabilidad real: la que esperas menos la inflación.
- Las comisiones se comen parte de la curva, y también se componen. Eso tiene su propia lección en el nivel 2.
La pregunta incómoda: ¿y si empiezo tarde?
Empezar a los cuarenta y cinco no anula nada, cambia el reparto. Con menos años, la aportación pesa más que el tiempo, así que el mando que hay que mover es ese. Y el horizonte sigue siendo largo: alguien de cuarenta y cinco puede tener perfectamente veinte o treinta años por delante de mercado.
Lo que no funciona es intentar compensar los años perdidos buscando más rentabilidad. Eso no acelera la curva: cambia su forma, y casi siempre hacia abajo.
Una cosa que sí puedes hacer hoy
Coge tu sobrante real —el de Mi dinero, no el que crees que tienes—, métetelo arriba en la calculadora y mira qué sale a veinte y a treinta años. No para decidir nada todavía: para que el número deje de ser abstracto.
La siguiente lección se ocupa del otro lado de esa curva: el riesgo, que es el precio que se paga por estar en ella.
Dónde comprobarlo
Quién lo escribe
Achraf Benaim
Tiene 20 años y aprendió a invertir mientras estudiaba y compaginaba dos trabajos. Escribe lo que le habría gustado leer al empezar. No es asesor financiero.
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Contenido educativo. No constituye asesoramiento financiero. Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.